Todos los vecinos de la localidad de Hospitalet (Barcelona) de edades comprendidas entre los 50 y 69 han sido invitados en los últimos dos años a donar los deshechos de su organismo a la causa científica. Las heces de estas 64.000 personas permitirán a la sanidad catalana determinar si los beneficios de instaurar un programa de diagnóstico precoz del cáncer colorrectal superan a los costes de esta intervención, y si el sistema de salud es capaz de asumir la potencial demanda.
Se trata del estudio piloto más ambicioso desarrollado en España sobre la eficacia de la detección temprana de lesiones indicativas de este tumor, el segundo más letal después del de pulmón en varones y el de mama, en mujeres.
Más de 11.000 españoles fallecen cada año por esta causa. El chequeo periódico de esta enfermedad en la población asintomática mayor de 50 años se ha demostrado tan eficaz como el del cáncer mamario o el tratamiento de la hipertensión a la hora de salvar vidas y ahorrar costes médicos.
Pero, a pesar del consenso científico sobre su utilidad, ningún país ha instaurado todavía un programa preventivo oficial. El motivo es que no está claro cómo hacerlo. Aunque se barajan tres 'test' diagnósticos, los expertos no se ponen de acuerdo sobre cuál es el mejor.
«Hacer algo es mejor que no hacer nada y, además, ahorra dinero», han concluido los especialistas de los Servicios Preventivos de EEUU (United States Preventive Services Task Force) tras revisar las últimas evidencias sobre la validez de las tres pruebas de diagnóstico precoz del cáncer colorrectal que se encuentran en liza científica desde hace más de 10 años: la determinación de sangre oculta en las heces y la sigmoidoscopia y la colonoscopia, dos 'test' que exigen introducir un tubo flexible a través del ano para visualizar el interior del intestino grueso.
Las recomendaciones que propugna esta institución a los médicos y organizaciones sanitarias de aquel país, y que sirven de guía a muchos otros, no han ayudado sin embargo a allanar el camino hacia la instauración de programas poblacionales de cribado, el ansiado objetivo de numerosos grupos profesionales a ambos lados del Atlántico.
Sí afirma que para reducir el riesgo tumoral hay que examinar el colon a partir de los 50 años, pero los expertos no se han decantado por ningún test concreto. En un artículo que esta semana publica 'Annals of Internal Medicine' desgranan las ventajas y los inconvenientes de cada uno y aconsejan a la población discutir con su médico qué prueba es más conveniente en función de su situación individual.
En la última década, prácticamente todos los colectivos médicos que manejan esta enfermedad tumoral han abogado por la instauración de programas oficiales de cribado a partir de los 50 años, edad en la que el riesgo de desarrollar este tumor se multiplica.
Sin embargo, sus recomendaciones han sido, en ocasiones, dispares y poco concretas, lo que ha favorecido la dispersión de esfuerzos a la hora de establecer un consejo claro para las autoridades sanitarias.
Las organizaciones españolas se han manifestado también a favor de intervenciones de este tipo. Aunque la incidencia del cáncer colorrectal en nuestro país es inferior a la de otras naciones desarrolladas, probablemente debido al efecto protector de una dieta más rica en frutas y verduras, en éstas su frecuencia se ha estancado, mientras aquí sigue creciendo.
«Es el más frecuente cuando se consideran ambos sexos conjuntamente. Sin embargo, la respuesta sociosanitaria no se ha correspondido con la de otros tumores, como el de mama, útero y próstata», sostiene Josep Espinás, médico del Servicio de Prevención y Control del Cáncer del Instituto Catalán de Oncología.
Su elevada incidencia no es la única razón que justifica un asistencia preventiva. Javier Cerdán, presidente de la Asociación Española de Coloproctología, subraya que es uno de los pocos cánceres en los que el diagnóstico precoz «incide de manera trascendental en la evolución de la enfermedad». El 90% de los tumores se origina en un pólipo adenomatoso que tarda hasta 10 años en malignizarse, un intervalo que brinda una oportunidad única para intentar interrumpir el proceso tumoral.
Otro motivo es que la patología evoluciona sin síntomas y cuando éstos aparecen puede ser ya demasiado tarde: habitualmente el cáncer ha invadido la pared intestinal. Entonces, la única posibilidad de curación es una intervención quirúrgica, aunque su resultado depende de la fase en que se encuentre la enfermedad.
«En estadíos precoces la supervivencia a los cinco años supera el 90%, si el tumor se ha extendido y afecta a los ganglios oscila entre el 30% y el 60% y se reduce a menos del 5% si hay metástasis», enumera Alfredo Carrato, catedrático de Oncología Médica de la Universidad Miguel Hernández de Elche.
La ciencia, sin embargo, no ha sido capaz de despejar las dudas sobre qué tipo de herramienta diagnóstica es más eficaz para reducir la incidencia y la mortalidad de este tumor ni con qué periodicidad hay que aplicar cada test. Ofertar este servicio preventivo a la población plantea problemas adicionales: las pruebas son incómodas y se sabe que el nivel de aceptación es bajo porque el público está menos concienciado sobre el riesgo de este tumor en comparación con el de otros, existe controversia acerca de qué método es más seguro y tolerable, cuál presenta el coste más razonable y, por último, sobre cuál es económicamente más asumible para un sistema sanitario público.
Sangre oculta en las heces
Es el que cuenta con mayores evidencias, el más barato, sencillo y menos invasivo. La mayoría de los estudios piloto se apoya en él como primer paso para establecer programas poblacionales. Determina si hay rastros de sangre en las deposiciones, signo que puede indicar la presencia de un adenoma.
Los estudios le atribuyen entre un 15% y un 33% de reducción de la mortalidad cuando se hacen exámenes anuales o cada dos años, pero presenta serias limitaciones. El sangrado no siempre procede de una lesión maligna. De hecho, las causas más frecuente son las hemorroides y las fisuras anales, y existen otros factores, como comer carne antes de la prueba, que interfieren con el resultado y pueden dar lugar a falsos positivos y generar una ansiedad innecesaria.
Arroja también falsos negativos en hasta un 30% o 30% de los casos, debido a sangrados mínimos o intermitentes de la lesión tumoral. Estos tumores escaparían a la detección precoz. Y, por último, para obtener un diagnóstico de certeza, tras un 'test' positivo hay que realizar una colonoscopia.
Sigmoidoscopia flexible
Los datos preliminares de algunos estudios en curso han reavivado el interés por esta prueba. Visualiza el recto y una porción del colon donde se alojan hasta el 60% de los tumores.
Su contribución para reducir las muertes se sitúa globalmente en un 30% cuando se utiliza en exploraciones quinquenales. Se investiga la eficacia de una sola sigmoidoscopia a partir de los 55 años.
Permite extirpar pólipos sospechosos de pequeño tamaño. Su manejo es más sencillo que el de la colonoscopia. Sin embargo, hasta un 40% de los tumores (que se producen en otras zonas del colon) queda fuera de su alcance. Por esta razón, muchos especialistas plantean serias reticencias «éticas» a su generalización.
«Sería como mamografiar una sola mama», dice Antonio Castells, coordinador de la Unidad de Cáncer Colorrectal del Hospital Clínic de Barcelona. «Es insuficiente. No se le puede dar seguridad al paciente de que no tiene un cáncer», añade José Ramón Armengol-Miró, jefe de la Unidad de Esdoscopia Digestiva del Hospital Vall d’Hebrón de la ciudad Condal.
Colonoscopia
En teoría es la más idónea, aunque no se dispone de estudios sobre su uso como herramienta de diagnóstico precoz. Permite ver todo el colon y se estima que es capaz de diagnosticar entre el 75% y el 90% de los tumores. Su sensibilidad para detectar el cáncer es del 90%. Sin embargo, se descarta como procedimiento de cribado.
En su contra tiene su elevado precio (exigiría una inversión elevada por parte del sistema sanitario para absorber la demanda), que requiere personal especializado en su uso para evitar riesgos (perforaciones de colon) y en muchos casos exige sedar al paciente. Se estudia si es más ventajoso hacer exploraciones cada 10 años o una única por encima de la quinta década de la vida.
Mientras se dilucidan los interrogantes, ¿qué hacer si ya ha cumplido los 50? Los expertos consultados coinciden en que no estaría de más que, de forma individualizada, solicitara un análisis de heces a su médico de cabecera.
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